
La constelación de Orión, el Cazador, tiene el privilegio de ser vista desde los dos hemisferios. Tres estrellas en línea recta forman su famoso cinturón y dos de las más imponentes masas luminosas de la noche, Betelgeuse en el extremo norte y Rigel en el sur, dibujan una diagonal desde el brazo en alto del cazador hasta uno de sus pies imaginarios.
En otros tiempos, Orión fue un ser de extraordinaria fuerza, valentía y destreza con el arco y las flechas, tal fue así que Artemisa, diosa la Luna, madre de la naturaleza, los bosques, los campos, los ríos y toda la fauna de la Tierra, quedó enamorada de él hasta el punto de querer sacrificar su sagrada virginidad para consagrarse al amado en cuerpo y alma, dejando a la Naturaleza al cuidado de otras deidades menos sensibles a alteraciones químicas, mucho más propias de engendros inferiores como, por ejemplo, los seres humanos.
Por desgracia, Artemisa, la diosa lunar, tenía un gemelo para echarle de comer aparte; un impertinente malcriado de primera categoría que ostentaba con orgullo y diligencia el título de dios del Sol: el mismísimo Apolo. Qué poquita gracia debió hacerle al guapo muchacho ver a su divina hermanita pelar la pava con un cazador de poca monta, mientras correteaban por el monte buscando animalillos para la cena. No sería buena idea que Artemisa, la Gran Madre Tierra en según qué cultos, se abandonara al cuidado de aquel energúmeno sólo por el capricho de sentir satisfecha su curiosidad de virgencita. Así que Apolo, con la astucia y mala leche que le caracterizaban, se inventó un torneo de resistencia en el que hizo participar al ingenuo de Orión. La prueba consistía en nadar lo más rápido posible hacia una roca lejanísima que apenas se divisaba desde la playa. Una vez que el improvisado atleta se hubo alejado lo suficiente de la orilla, Apolo llamó a su hermana y desafió su orgullo de cazadora retándola a disparar y, por supuesto, acertar sobre aquel punto que se movía tan veloz a través de las olas. Lo peor que se podía hacer a una diosa engreída y orgullosa era poner en duda sus innegables habilidades, así que ésta no dudó en apuntar al cada vez más lejano objetivo y dicho y hecho, disparó una sola flecha que atravesó el aire a la velocidad del viento para irse a clavar sobre la espalda de Orión provocándole la muerte.
Cuando Artemisa se dio cuenta de su involuntario crimen, un grito desgarrador bramó sobre toda la Tierra. Se oscurecieron los campos, se incendiaron los bosques, se secaron las fuentes y los ríos y la tristeza de la diosa de la Luna dejó a nuestro satélite en una dolorosa melancolía que trajo continuas mareas y tempestades sobre los océanos. Ante tal desconcierto, Zeus, el padre de los dioses, tuvo piedad y en un alarde megalómano de los suyos, llevó a Orión, el Cazador, hasta la cúpula celeste convertido en un puñado de estrellas y nebulosas. Desde entonces, la Luna mira hacia Orión con ojos de enamorada, aunque nunca llegó a reponerse del todo de esa melancólica enfermedad que, de cuando en cuando, altera las aguas del Mundo y vuelve locos a los hombres y a las bestias.
Confiemos en que nuestros dioses también nos conviertan algún día en estrellas.
miércoles 25 de junio de 2008
AMORES CONTRARIADOS II: Artemisa y Orión
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domingo 15 de junio de 2008
AMORES CONTRARIADOS I: Aquiles y Pentesilea
Amores contrariados son los que se perdieron sin llegar a iniciarse ni a consumirse. Se quedaron trabados en el olvido y su recuerdo nebuloso torturaría con saña de infierno a los amantes. La piel desconocida, los besos nunca dados, la ternura de madrugada desperdiciada en solitarios amaneceres sin sueño. El primero de esta serie es un amor imposible localizado en la batalla y consumado en la muerte.
Que Aquiles era raro lo sabían todos los mentideros divinos y humanos del sesgo mitológico griego. Más allá de sus dotes para la guerra, poseía un carisma extraordinario sólo comparable a su crueldad y malas maneras para quien osara ser su enemigo. De todos es sabida su vulnerabilidad en el talón -no recuerdo cuál de ellos- por el que su madre, Tetis, lo agarró para sumergirlo en la laguna Estigia y darle así su inexpugnable gracia. Pero lo que no se sabe tanto es que Aquiles encerraba bajo su armadura otra parte aún más vulnerable: un corazón atolondrado y bullanguero que lo mismo le daba, que le daba lo mismo, pero que le hacía subirse por las paredes a la mínima de cambio. Véase si no, el ejemplo de su tierno amigo Patroclo.
Conocer el otro punto débil de nuestro héroe suponía el poder sobre él y sus acciones, así de clarito lo vio uno de los más altos cargos del ejército griego; un poco de lío entre faldas -masculinas y femeninas, por supuesto- y "como que me llamo Agamenón que éste entra en la guerra". Y así fue, Aquiles, "el de los alados pies" se puso a matar troyanos como quien mata hormigas, a las órdenes de Agamenón y Menelao, los belicosos hermanos de Micenas.
Pero no todo en la vida son doncellas y efebos triscando cual cabrillas en primavera para terminar dejándose atrapar dócilmente por el macho del rebaño, al que, tarde o temprano le aburrirán los chotos en cuanto dejen de serlo. Por eso, cuando Aquiles vio a quien tenía que enfrentarse en mitad del campo de batalla, su corazón loco se disparó con bravura taurina: Pentesilea, la Reina de las Amazonas; valiente entre todas las mujeres y entre todos los hombres, armada de pies a cabeza dispuesta a enfrentarse al Gran Héroe. No había tiempo ya para cortejos nupciales, la guerra apremiaba y uno de los dos debía morir o rendirse. Pentesilea atacó con la maestría de la mismísima Atenea; sus ojos brillaban como su espada, su escudo reflejaba los otros ojos, los del que pudo ser su amado. Libraron la lucha hasta el crepúsculo; la espada de la reina laceró con saña el cuerpo del héroe, pero sus heridas cicatrizaban a la velocidad del viento, la sangre brotaba de sus venas, y su piel la empapaba haciéndola desaparecer, como el agua en el barro fértil. No hubo ni habría jamás mejor hombre para Pentesilea que Aquiles, aunque ya era tarde para saberlo. La reina cayó a tierra con una profunda herida en el costado. Llegó el silencio, el silencio de la muerte. Los ejércitos enmudecieron y la sombra de Átropos, hilandera del destino, la terrible Moira, revoloteó sobre las inmediaciones de Troya. Ya era tarde, sí. Aquiles se arrodilló ante su adversaria, dejó caer sus armas, su coraza, su casco y se mostró desnudo ante los guerreros. Tomó el cuerpo aún con vida de Pentesilea y le dijo lo que sólo ella debía saber antes de cruzar al Otro Mundo.

No habría burlas ni mofas para el cadáver de la reina. El mismo Aquiles se encargaría de velar su cuerpo inerte para que nadie se atreviera a vejarlo ante los troyanos, como ocurrió con Héctor. Nadie entraría en la cueva donde Aquiles improvisó la cripta mortuoria de la que ya nunca sería su amada.
Cuenta la leyenda que los dioses, apenados, se apiadaron del héroe y que en mitad de la noche, un aliento divino infundió calor en el cadáver de Pentesilea. Así, su cuerpo recobró vida hasta el amanecer y ambos amantes pudieron consumar su amor. A la mañana siguiente, encontraron a Aquiles abrazado a la muerta y los que lo hallaron dijeron que, efectivamente, el súper héroe de la Antigüedad era bien rarito.

Necrofilias aparte, la de Aquiles y Pentesilea es una de las más bellas historias de amor que ha dado el mundo. ¿Quien si no no ha perdido un gran amor antes siquiera de saber que lo era?
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sábado 24 de mayo de 2008
(Desventajas de vivir en) EL CASCO HISTÓRICO

Los japoneses vienen en invierno. No saben si están en Sevilla, Granada o Málaga; sólo tienen una semana para sacarle fotos a toda Andalucía y parte del extranjero y volverse a Tokyo. Los japoneses son muy respetuosos, nunca atascan la calle y siempre nos dejan pasar a los vecinos. Tengan en cuenta que estas calles de la Judería de Córdoba son muy estrechitas, por si alguno vino de Marte y no lo sabe.
Marzo es, principalmente, el mes de los franceses. De los adolescentes franceses por más señas. Ellos no echan fotos, sólo caminan mirándose los pies, los más formalitos, o dándose de codazos de lado a lado de las paredes, los más cafres. Vienen pastoreados por profesores con olor a choto pegado a la ropa, hartos hasta los culottes de cuidar enfants de la patrie.
Los abuelitos ingleses y alemanes llegan para el otoño. Todos visten parecido, de la sección "abuelitos-guiris" de los grandes almacenes de su tierra. Llevan chubasquero incorporado que compran a precio de estraperlo en las tiendas inmediatas a la Mezquita-Catedral. No son muy de fotos, pero de vez en cuando se retratan sin importarles si una servidora, por ejemplo, sale a la calle en zapatillas a sacar la basura. Me pregunto cuantas fotos aglosajonas habré arruinado. Anyway.
La turba nacional, por el contrario, sabe lo que se hace. Vienen en Mayo florido a ponerse finos de Montilla-Moriles. Hacen piña cuartelera en mitad de la calle y descubren de repente las posibilidades de la parienta para el reportaje fotográfico. Sólo les falta llamar a la poli a cortar el tráfico pedestre de los humildes habitantes de este barrio.
El rincón de la foto es mi calle, pero ésa no es mi casa, ¡qué más quisiera yo que asomarme a la reja como la morena de la copla a que me cantara la tuna! Yo estoy detrás, con las bolsas del súper, esperando pacientemente que el grupito se abra y me dejen pasar.
Hay otra vista, próxima a mi casa, también digna de homenaje gracias a una buganvilla reventona que hay que mirar con cristal ahumado; pero este año la exhuberancia de la planta llegaba hasta el suelo, poniéndolo todo perdido de hojas y flores muertas, así que en Febrero le pasaron la sierra al uno y ahora tiene dos bonitas ramas color magenta dispuestas a desbordarse para el año que viene. Prometo foto en esa fecha, si aún sigo por estos lares.
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domingo 11 de mayo de 2008
DRAMATIC EFFECT (Golpe de efecto)

En el cine, "dramatic effect" es una estrategia de guión que sirve, principalmente, para conmocionar al público. Puede ser inesperado o no, puede ser trágico, cómico o espeluznante, pero siempre hará saltar un resorte en nuestros cerebritos que nos hará reír, llorar o acojonarnos del susto.
Me gustaría saber en qué Escuela de Guionistas ha hecho el máster nuestro presidente del Gobierno para elaborar tantos y tan aplaudidos Dramatic Effects. No habría capacidad suficiente en este humilde blog para enumerarlos con la categoría que merecen, por lo que paso a nombrar sólo dos de, a mi entender, los más ingenuos, y que no habrían pasado el examen de la crítica, por ramplones y previsibles, pero que, inexplicablemente se han adueñado de la opinión pública, provocando la misma emoción que Charlton Heston/Moisés abriendo las aguas del Mar Rojo. ¿Cómo se explica entonces que se haya creado un Ministerio de "La Igualdad" y se haya puesto al frente a una jovencita monísima que aboga por las injusticias sociales como una Madre Teresa rejuvenecida y pasada varias veces por Corporación DermoÉtica? ¿Es que se supone que los demás ministerios no tienen a la Igualdad implícita como una de sus máximas? Respiremos aliviados los españoles, la Igualdad es ya un hecho ¡por fin! y una chica guapa, joven y progre nos defiende. Alabado sea ZP.
Pero el Premio Gordo, la corona de laureles al mérito efectista por excelencia se lo lleva el Ministerio de Defensa. ¡Sí señor! con dos cojones. Rizando el rizo nombramos a una chica guapa (habrá a quien se lo parezca, no lo duden), joven, catalana, progre y ¡embarazada! al mando de las Fuerzas Armadas, con perdón del pareado. ¿Pero qué narices nos quieren demostrar? Que se joda el ejército machista y castigador, que para eso ponemos a una preñada de jefa suprema y quedamos como Cristo montado en la borrica entrando en Jerusalén. Alabado sea. Ya lo dije alguna vez, si esta señora fuera Golda Meir, Catalina de Rusia, Leonor de Aquitania o la mismísima Dama de Hierro del Impero Británico embarazada de quintillizos y rompiendo aguas en un desfile, poco habría que objetar excepto ¡olé sus huevos! Pero a este golpe de efecto rebuscado en el libro de los estereotipos y el topicario giliprogre, sólo cabe decir: ZP, no me jodas la película.
Klimt. Palas Atenea. Diosa griega de la guerra y... de la sabiduría.Esperemos que nuestra ministra sepa hacer gala de la segunda.
En el terreno más cotidiano de los simples mortales, los dramatic effects, también se hacen hueco en el día a día. Un conocido me relató la pasada la noche que había quedado con una chica que conoció a través de internet y que tras haber "tomado un café" con ella, había descubierto que era todo un clásico en materia sexual. Según sus explicaciones, había sido atado, vendado los ojos y azotado en el culete por una diosa del amor cibernética que lo puso al borde del Paraíso en cuestión de minutos, lo cual le creó un estado de zozobra y sinrazón que a día de hoy aún debe estarle haciendo mella.
Debo reconocer que ante tales artistas de los golpes de efecto sensoriales, esta pobre mortal tiene menos que hacer que el sastre de Tarzán. Si no ¿dónde está la seducción, el cortejo, la tensión, la fantasía, el temor, la pasión, la prisa...? Me atrevo a pensar que la tal señorita no es más que otra pobre mujer desesperada por enganchar marido que recurrió a un dramatic effect de emergencia, exclusivo de parejas aburridas que compran juguetes sexuales por catálogo.
Lo dicho, soy más antigua que el poleo, así que a nadie se le ocurra atarme, vendarme o azotarme. Eso y ¡que no me jodan la película!

Si han llegado hasta aquí podrán ver que he colgado un nuevo RELATO POR TERMINAR en mi otro blog, se llama LA SENDA OSCURA, así que son libres de sufrirlo o disfrutarlo.
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Etiquetas: Política e hiPROGREsía
martes 6 de mayo de 2008
Viento del Este, viento del Oeste

Tarifa, la punta más al sur de Europa, está entre dos mares: la mare que parió al Poniente, la mare que parió al Levante. El Poniente viene del Atlántico, es fresco y suave y levanta olas surferas especialmente por la tarde. Se va como viene, agradando a las velas y a las tablas y sacando las chaquetitas de los armarios. Pero el Levante... ¡ay el Levante!, del Mediterráneo sur llega un demonio soplador que si es flojo molesta y si es fuerte se encaja entre oreja y oreja despertando locuras y odios enterrados. Válido como atenuante legal en los crímenes, es mejor no cruzarse con ningún enemigo por si acaso le da "un aire"... ni, por supuesto, ir a la peluquería. El mar se achanta y la arena, pacífica y blanca como en el Caribe, dispara metralla microscópica que pincha hasta en lo que no se enseña. Levante del Estrecho en pleno verano es calor de infierno para toda Andalucía.
La fauna de Tarifa va desde las manadas de eolas, grandes y chicas, que bien plantadas en tierra dan la bienvenida al visitante agitando aspas al son del viento, hasta las cometas multicolores que aquí llaman kitesurf, y que mejor o peor dirigidas, tiran de sus conductores rumbo a África. El animalario tarifeño se dispersa entre playas semi desiertas y cafés morunos, luciendo melenas rastafaris, sandalias de tiras, pantalones árabes y un bronceado silvestre que nada tiene que ver con el vecindario marbellí. Acompañarse de un perro de raza, a poder ser de gran tamaño y ponerse en cueros vivos junto a una duna, a refugio del viento, define a este espécimen común europeo del sur.
Atlántico y Mediterráneo echan a pelear bajo las columnas de Hércules y los escasos 13 kilómetros que separan los dos continentes, se convierten en una frontera repleta de monstruos invisibles. Desde las Playas de Bolonia, Caños de Meca, El Palmar o Zahara de los Atunes, se recorta la costa de enfrente. 13 kilómetros de azul y verde separan el paraíso del infierno. Aquí se quedan el viento del Este y el viento del Oeste, defendiendo nuestro sur de los agravios del turismo masivo y los horrores inmobiliarios.
Al irse de Tarifa, las eolas -molinos de viento hembra- se despiden bailando por alegrías:
Los van a prender mañana
a tó los ojitos negros
los van a prender mañana
y tú que negritos los tienes
échate el velito a la cara.
Y eres bonita mi arma
bonita eres
y eres la más bonita
de las mujeres.
Alegría, mucha alegría de Cai, o lo que es lo mismo, la jota aragonesa exiliada en tiempos de Napoleón y bien marinada con los aires del Sur.
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viernes 25 de abril de 2008
Renovación
Volví a dibujar en Febrero. Voy los lunes, de 8 a 9.30. He renovado mis ganas de mancharme las manos y emborronar papeles. He renovado muchas cosas y me he despojado de otras. Este dibujo no es muy bueno, pero es de los primeros y quería mostrarlo. Cuando se lleva mucho tiempo sin dibujar es como mucho tiempo sin conducir, no se sabe dónde está el acelerador ni el embrague... aunque yo, la verdad, yo no conduzco: Sólo dibujo.
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sábado 19 de abril de 2008
Me llamo Viruta

Por estas fechas cumplo diez años. Si fuera humana serían sesenta.
He vivido como una reina desde mi primer mes de vida, cuando ella me adoptó. Otras personas me rescataron de un basurero, entonces ella vino y se quedó conmigo. Lo primero que hice fue arruinarle una chaqueta de El Corte Inglés sacándole todos los hilachos. No sería de muy buena calidad, está claro.
Compartimos sofá, cama y una bata mullida y calentita que me vuelve loca y que estoy deseando que se quite para echarme yo. A la cama me subo cuando se duerme y evito asomarme por el dormitorio cuando hay alguien más. Soy discreta por naturaleza. En general, no me gusta la gente; ella sí, pero ella es de mi especie, al menos eso creo ¿no lo es? Una vez me gustó alguien más, no recuerdo quien era, creo que también era de mi especie porque ella y él vivían juntos. Los que vinieron después no me interesan. Sólo son personas.
Odio que me toquen sobre todas las cosas. Generalmente aviso una, dos y hasta tres veces, a la cuarta muerdo; en ocasiones muerdo también a la primera. Dicen que soy arisca y antipática, ¿no se dan cuenta que soy un animal? Los de mi especie hemos arañado y mordido toda la vida ¿ahora quieren explicaciones? Soy selectiva y sé perfectamente quien quiero que me acaricie y quien no. Ella también lo sabe, pero ella es como yo ¿o… no?
Me llamo Viruta por error. Era un nombre provisional porque ella y el que vivía con ella aún no sabían de qué sexo era. Por lo visto estaban esperando a que me bajaran las pelotas, eso es lo que les dijo un veterinario lumbreras que debió recibir el título en un puesto del mercadillo. Pelotas las suyas, tonto del haba. A lo que voy, me llamo Viruta por el tango. Sí, sí, como lo oyen por El Tango. Y es que a ella y al que vivía con ella les volvía locos el tango. Una vez me llevaron a la playa -horrible lugar- un día salieron a tomar cerveza y a escuchar no sé qué actuación y cuando volvieron me empezaron a llamar así. Por lo que pude entender la actuación era de unos chicos argentinos tangueros y uno le hizo gracia a ella, el chico se llamaba "El Viruta". Después me enteré que "viruta" significa "dinero" y también "fiesta". No me bajaron las pelotas, por supuesto, pero a nadie se le ocurrió cambiarme el nombre; al parecer era todo un acontecimiento que me llamaran y yo acudiera, de hecho voy también si me llaman por mi diminutivo: "Viru". No sé qué tan extraño les parece, ¿acaso no lo hacen otros animales? Al menos los de mi especie sí ¿o... no?.
He tomado la palabra en este espacio con motivo de mis diez años de vida animal y mis sesenta de vida humana. Mientras, he dejado que ella se piense tranquilamente lo próximo que va a escribir. No pido nada como recompensa, sólo que siga dejando la bata a los pies de la cama y que compre jamón de pavo más a menudo. Si tengo suerte, pillaré cacho ¿o... no?
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